De las cenizas sale La mona

Doña Hilda aprendió de su madre los secretos de los arreglos florales fúnebres, orgullosa contaba como sus hijos, nueras y nietos lo aprendieron luego de sus propias manos. El oficio convertido en tradición, en herencia, en legado para los suyos, familia a la cual sacó adelante precisamente gracias a las flores.

‘La mona’ como cariñosamente se le conocía, fue la primera mujer elegida para mi proyecto fotográfico personal: Manos de Mujeres.

Vecina, la veía a diario en su puesto frente al Cementerio Jardínes del Recuerdo, siempre atenta y dispuesta, trabajando, armando arreglos florales, uno tras otro, sin parar. Fue todo un reto poder coger sus manos, nunca se quedaban quietas.

El domingo 21 de junio, después de una ardua jornada de trabajo por el Día del Padre, un corto circuito provocó un incendio en casa de Doña Hilda, en cuestión de minutos el fuego lo devoró todo.

El martes, dos días después, recién pude hablar con ella, me mostró la casa, destruída por completo, “me quedé con lo que tengo puesto” me dijo. A pesar del duro golpe, la sentí firme, decidida a levantar nuevamente su casa, animada, fuerte, berraca, valiente.

Poco le importaban las quemaduras de primer y segundo grado en las manos. La noche del siniestro, en su afán de evitar una tragedia mayor, se metió a la casa en medio del incendio, luchando contra el fuego como pudo desconecto la pipa de gas y la sacó a la calle. Una heroína.

La noche del lunes 29 de junio, ‘La mona’ fue llevada de urgencia al hospital, horas después falleció víctima de un paro cardiorespiratorio.

El acto heroico de la pipa de gas le costó la vida.

Adiós vecina, me despido de usted con un abrazo fuerte, como aquella tarde en su casa. Muchas gracias por sus manos.

Santiago de Cali, 13 de julio de 2015.